Francia: Emmanuel Macron pierde el control. 45 mil contagios por día

Están a dos semanas de decidir quien vive y quien muere en las terapias intensivas de los hospitales franceses, es por eso que los médicos alientan a cambiar la estrategia.

Emmanuel Macron está perdiendo el control de la pandemia en Francia. Con días de 40.000 a 45.000 casos, los médicos lo alientan a cambiar su estrategia y no ser forzados a decidir, en menos de dos semanas, quién vive y quién muere en las terapias intensivas de los hospitales franceses.

En una tribuna publicada en el Journal du Dimanche y en Le Monde evocan “una situación de medicina de catástrofe”. Se dicen preparados ”para hacer una organización de pacientes para salvar la mayor cantidad de vidas posibles”.

“En los próximos 15 días” -estiman los médicos en su solicitada- ya sabemos que nuestra capacidad para hacernos cargo se verá desbordada”.

Cuarenta directores médicos del sistema de salud pública de París (AP-HP) advirtieron durante el fin de semana que se enfrentan a una “catástrofe médica”, a medida que se agotan las camas de cuidados intensivos. Se están preparando para elegir qué pacientes salvar, evocando el fatídico término “triaje”, que provoca escalofríos en el partido gobernante. Es lo que sucedió en Bérgamo hace un año cuando Italia fue sorprendida por la pandemia de Covid. Hay menos excusas políticas para dejar que suceda un año después.

“Es un Airbus A320 que se estrella todos los días. ¿Es legítimo que un país como Francia acepte eso?”, se preguntó François Salachas, neurólogo del hospital La Pitié-Salpêtrière de París. Los casos diarios superan los 40.000 y siguen aumentando.

Traslados de enfermos
Los hospitales trasladan a sus enfermos a otras regiones en helicópteros o trenes sanitarios para descomprimir las terapias. A causa de las variantes y sus rápidas mutaciones, los enfermos permanecen más tiempo en terapia intensiva que antes.

“Desde hace 15 días sentimos una tensión general que no habíamos experimentado desde el otoño”( europeo) dijo Yohan Saynac, médico clínico en Pantin, en Seine-Saint Denis, a 5 minutos de París.

Otro fenómeno es la contaminación en escuelas y liceos. El gobierno se niega a cerrarlos, salvo que ahora ha decidido que si hay un caso, la escuela debe cerrarse inmediatamente. El liceo Eugene Delacroix de Sainte Denis tiene 20 clases suspendidas y hay más de 3.000 clases cerradas en el país.

La decisión de no cerrar los colegios está en el corazón del gobierno. Muchas familias no están suficientemente digitalizadas o no pueden ayudar a sus hijos en el colegio con Zoom, no tienen internet o teléfono celular y pierden en el aprendizaje. Al mismo tiempo se entregan tres comidas en los colegios franceses, que alivian los presupuestos de las familias más vulnerables.

Los médicos notan cada vez más jóvenes contaminados, con formas benignas. Pero los adultos contaminados afirman que sus hijos han tenido síntomas la semana anterior, según el doctor Serge Smadja.

“Tengo padres hospitalizados juntos, cuyos hijos van a una misma clase”, afirma el médico.

Un presidente obstinado
El presidente Macron no quiere cambiar el rumbo ni profundizar el confinamiento aun más y cerrarlo como el año pasado en la primera ola. Al menos inmediatamente. El miércoles, antes de la Semana Santa, habrá un nuevo Consejo de Defensa Sanitaria.

Hasta ahora hay teletrabajo obligatorio, cafés, restaurantes, brasseries, museos y cines están cerrados al igual que los boutiques y negocios no esenciales. El toque de queda se postergó hasta las 7 de la tarde ante el cambio de horario. El viaje entre regiones está prohibido .Sólo las farmacias y supermercados están abiertos.

Entrar a Francia desde el exterior es prácticamente imposible si no se cumplen las 12 condiciones impuestas por el gobierno como condiciones de ingreso. Incluyen muerte de un familiar o situación de extrema gravedad, en un certificado firmado por los médicos tratantes, traducido y timbrado por la embajada respectiva.

Muchos pasajeros quedan abajo porque no cumplen las reglamentaciones. Los dramas se producen en las puertas que conducen a los aviones, donde reclaman la documentación. Pero los aeropuertos son escenarios fantasmagóricos, sin pasajeros, sin sus negocios abiertos. La imagen de la desolación y el aislamiento global.Los aviones vuelan casi vacíos, con 30 o 50 pasajeros.

Alemania colocó a Francia en alerta de “alto riesgo” el viernes porque su situación interna se complicó, aunque Merkel pidió perdón y anuló el confinamiento de Semana Santa . Es solo cuestión de horas o días antes de que el Reino Unido siga con su tarjeta roja.Pero Macron considera que estas medidas estrictas de confinamiento ,que impone Alemania o Italia , están copiando su estrategia, que a su criterio, es exitosa.

Saturación
“Vamos a chocar contra el muro”, advirtió la profesora Catherine Hill, decana de los epidemiólogos franceses. “Ya estamos saturados y se ha vuelto totalmente insostenible. Ya no podemos aceptar pacientes que no sean de Covid. Es una locura”. La profesora Hill dijo a la Radio France Info que la política del presidente francés de ganar tiempo es nada menos que una “estrategia de muerte”.

Los psicólogos y psiquiatras discrepan con los epidemiólogos. A ellos les preocupa la ola de suicidios, la ansiedad, la violencia familiar, los problemas de sueño de la población ante el confinamiento. Se inclinan por no encerrar más ante el escenario de devastación emocional que provoca el confinamiento.

La profundización de la crisis es lo suficientemente grave como para alterar el carácter de las próximas elecciones francesas y retrasar la reapertura económica hasta mediados de año, lo que inflige otra cuarta parte de los daños económicos.

La supervivencia política de Macron ya no está asegurada en las próximas elecciones presidenciales . Su círculo íntimo está inmensamente preocupado porque crece la figura de la xenófoba Marine Le Pen en medio de la pandemia.

Macron tiene frente a él una ecuación extremadamente difícil. Debe adoptar una decisión política ante las terapias intensivas que desbordan, la sociedad que no tolera más el encierro y la racionalidad económica frente a la pandemia y los consejos de los científicos.

El gobierno está dividido. El primer ministro Jean Castex y el ministro de salud Olivier Véran se inclinan por un viraje epidémico y sanitario. Pero el ministro de economía Bruno Le Maire defiende los intereses de la economía. Macron, un ex banquero de inversión, lo escucha.

“No hay ninguna divergencia entre Olivier Véran y Emmanuel Macron”, aseguran en el palacio del Eliseo.”Cada ministro expone la problemática de su sector y las informaciones del terreno” aseguran.

Macron no puede disimular su vulnerabilidad frente a esta tercera ola del Covid en Francia. Las variantes sudafricana y brasileña avanzan en el Grand Este y la Ile de France y el norte del país está seriamente afectado por la mutación británica. Son las mutaciones las que han provocado esta nueva crisis.

El jefe de Estado insiste que el cálculo de costo-beneficio ya no justifica despojar a las personas de sus libertades. Cualquier acción debía sopesarse con los costos psicológicos y el creciente daño económico. Disfrutó de un rebote en las encuestas con estos argumentos..

El Elíseo ya sabía por los informes de inteligencia regionales de los prefectos que el consentimiento del público francés para los cierres intermitentes se estaba rompiendo. No se pudo asegurar el cumplimiento.

Macron impuso un toque de queda a las 7 de la tarde. Una política que concentra las compras en un corto período de tiempo después del trabajo, y trató de salir adelante con medidas parciales y retoques tecnócratas.Pero la Semana Santa será otra prueba de fuego en esta tercera ola que asusta a Francia. Un confinamiento cerrado ante el agravamiento de los casos y la real amenazada sobre el sistema de salud no debería descartarse.

Fuente: Diario Clarín

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